Playas azul turquesa, costas salvajes acariciadas por el viento, plantaciones de aloe vera y montañas sagradas. Todo eso y más encontrarás en Fuerteventura, tu mejor elección para activar el modo «desconexión».
Hace treinta millones de años, bajo las aguas del océano, el fuego incandescente de la Tierra comenzó a gestar la isla más antigua del archipiélago canario, la que habrían de habitar los «majos», y de ahí el gentilicio de majoreros. Las palabras conservan la memoria de lo que un día fue. Por eso, el nombre de «Forte Ventura», con el que los navegantes bautizaron hace siglos a esta isla atlántica, invita a pensar que llegar hasta ella siempre ha sido sinónimo de buena fortuna. ¡Aprovechémosla!

Dunas
Dueña de playas infinitas y paisajes agrestes, Fuerteventura es un destino que invita a recuperar la calma e ir al encuentro de una naturaleza que en lugar de vestirse de verde lo hace de azules y ocres que se superponen para dar lugar a un paisaje absolutamente magnético. Desde las dunas doradas del Parque Natural de Corralejo y el vecino islote de Lobos, hasta la enigmática península de Jandía y la sobrecogedora playa de Cofete, verás desplegarse ante tus ojos un paisaje único protegido por la Unesco, en toda la extensión insular, como Reserva de la Biosfera. Y sobre él, cada noche, una cúpula celeste cuajada de estrellas y planetas que brillan en una lejanía inalcanzable, pero permitiendo disfrutar —aquí y ahora— del astroturismo en un entorno privilegiado con sello Starlight.
Esta isla transmite, sin duda, una belleza serena y salvaje a partes iguales. Ejemplo de ello es la playa de Sotavento, que regala una de las panorámicas más características y fotografiadas de toda Fuerteventura. Acompasando el juego de mareas, se extiende a lo largo de nueve kilómetros de arena fina sobre la que —¡increíble, pero cierto!— es posible sentarse a contemplar el mar en perfecta soledad.

Kitesurf y windsurf
Los aficionados al surf adoran Fuerteventura por sus vientos alisios, que mantienen la isla a una temperatura privilegiada y son los responsables de las olas sobre las que disfrutan deslizándose. Corralejo, isla de Lobos y El Cotillo son zonas muy demandadas para practicar surf o kitesurf, contando además con numerosas escuelas donde aprender o perfeccionar estas disciplinas, entre otras actividades deportivas. Más recóndita es la playa del Viejo Rey, otro impresionante rincón de la costa suroeste, junto a La Pared, donde el Atlántico rompe con fuerza y enorme belleza, y que merece la pena admirar seas o no surfero.
Tierra adentro una red de senderos atraviesa llanuras, barrancos y terrenos con molinos y antiguas construcciones agrícolas. El Parque Rural de Betancuria es un espacio natural imperdible para los amantes del senderismo, abriéndose paso entre montañas erosionadas y miradores. En la ruta aparecerán pueblos con encanto donde pararse a admirar la arquitectura tradicional y las características iglesias blancas rematadas con piedra volcánica oscura, desde la propia Betancuria —antigua capital de la isla antes de Puerto del Rosario— hasta Antigua o La Oliva.
Precisamente en este último término municipal se encuentra Tindaya, la montaña mágica, lugar sagrado para los antiguos habitantes de la isla y uno de sus iconos actuales. En su cima verás cientos de grabados con forma de pie humano tallados en la roca y orientados a la puesta del sol. Son los vestigios de una cultura ancestral que mantenía una relación muy directa con su entorno.

Montañas volcánicas Caima y Tindaya
Fuerteventura no carece de atractivos para ser visitada y revisitada. A los amantes de un estilo de vida natural también les interesará el auge de la producción de aloe vera, planta con reconocidas propiedades para la salud y belleza de la piel. La isla está considerada uno de los mejores lugares para su cultivo de máxima calidad, debido a la concentración de principios activos del suelo volcánico. ¡Recuérdalo para las compras y regalitos que siempre nos gusta poner en la maleta de vuelta!
Sería un pecado olvidarse de la cocina local, que se distingue por su autenticidad y calidad de los ingredientes. A destacar el queso majorero —extraordinario—, que se elabora con leche de cabra y ampara bajo Denominación de Origen Protegida. Cuenta incluso con un Museo dedicado que puede visitarse en Antigua.

Queso majorero
Otras especialidades son las famosas papas arrugadas con mojo, el queso asado también con mojo o miel, los guisos de cabra y la «ropa vieja» con garbanzas, el sancocho y el gofio, herencia de la cultura aborigen que la cocina moderna versiona de forma magistral hasta en los postres. En la costa, los pescados frescos, como la vieja, y los mariscos completan una propuesta marinera llena de sabor que vale la pena probar.








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