Cuanto podemos confiar en las guias de viajes?

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La semana pasada, uno de los autores de la guía de Colombia de Lonely Planet, Thomas Kohnstamm, reconoció que había escrito su parte sin visitar el país, y que los datos se los había pasado otra persona, mientras él residía en San Francisco. Las declaraciones de Kohnstamm no se produjeron en cualquier momento: las hizo para la campaña de promoción de su libro “Do Travel Writers Go To Hell?”, donde cuenta sobre lo poco que le pagaban para escribir en las guías, y que incluso en algunos países, para sobrevivir, vendió drogas. Pueden leer una completa reseña del tema en uno de los blogs de The Economist.

Más allá del incidente de Kohnstamm y las declaraciones públicas de Lonely Planet, que le restaban importancia al tema, uno de los temas que está por detrás de este escándalo afecta directamente a los viajeros: ¿cuánto le podemos creer a las guías de viaje? No es raro encontrar personas que se quejan de determinadas ediciones y editoriales. Datos erróneos o desactualizados son bastante comunes, en particular en guías sobre destinos que no tienen un alto nivel de popularidad.

Las guías desde hace varios años se enfrentan a una competencia formidable a través de Internet. Foros y blogs son herramientas más sencillas de actualizar, y por lo tanto pueden ofrecer información al día, algo que el impreso tiene serias dificultades para seguir. Pero a la vez, las guías tienen la ventaja de contar con un nivel de elaboración que no es fácil de encontrar en Internet. Elaborados recorridos, guías breves para quienes van a estar en un destino pocos días, y completas listas de direcciones, son algo que las buenas guías tienen. Y el formato libro sigue siendo aún insuperable a la hora de consultar información en cualquier lugar, sin depender del siempre complicado acceso a Internet.

El gran error de las editoriales que desarrollan estas guías sería, justamente, perder esa calidad en la información. Algo que sucede cuando se quiere bajar mucho los costos, a veces debido a la caída de las ventas. Sin precisión y elaboración en la información, y sin la capacidad de actualizarse a la misma velocidad que los sitios de Internet, las guías de viajes tienen pocas posibilidades de sobrevivir. Su ruta debería estar orientada a la calidad de la información. ¿Estarán a la altura de las circunstancias?

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