El lado conflictivo del turismo rural

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El crecimiento del turismo rural en España es una excelente noticia para un sector que siempre está en la búsqueda de nichos no tan explotados. En los dos últimos años, varios sitios se han especializado en ofrecer listados de establecimientos donde los viajeros pueden dirigirse para descansar de su  trajín urbano. Pero este tipo de iniciativas han traído una modificación del entorno de muchos lugares, y ahora comienzan a aparecer algunos rasgos conflictivos del impulso al turismo rural.

Por ejemplo, el sindicato de Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) denunció  que al menos 30 granjeros en Girona están sufriendo presiones para que cierren sus granjas, debido a que su presencia no es bien vista por aquellos que impulsan el turismo rural en la zona, o han instalado allí su vivienda de fines de semana. Las razones de las quejas contra los granjeros se vinculan sobre todo al problema de los malos olores, en particular para aquellos ligados a la crianza de cerdos. En la mayor parte de los casos, denuncian en los agrupaciones que reúnen a quienes trabajan en el entorno rural, las granjas se encontraban allí antes de la llegada de las urbanizaciones y emprendimientos de turismo.

El creciente conflicto entre explotaciones agrarias y nuevos emprendimientos ligados con el ocio es un buen ejemplo de los conflictos que se pueden dar en un campo como el turístico. Es también parte de una particular paradoja; mientras se vende al turismo un producto que le permitiría «conocer los entornos rurales», por otro se presiona al entorno para que cambie algunos de los aspectos que son visto como menos agradables. Ir a las afueras de la ciudad, a un medio ambiente rural, y luego quejarse por los olores de los animales, suena un poco contradictorio. Pero a la vez, aparece como lógico; si se impulsan fuertes cambios en la composición de habitantes de ciertos pueblos, comenzarán a aparecer demandas para que el lugar tome una nueva fisonomía. Y en este caso, los pedidos de quienes han comenzado emprendimientos turísticos o comprados parcelas en el lugar seguramente llevarán a una reducción del número de explotaciones agrarias.

En estos días, las agrupaciones que reúnen a los granjeros están llevando a cabo algunas acciones destinada a evitar que se obligue con malas maneras a cerrar sus establecimientos rurales. Por ejemplo, si una granja es obligada a relocalizarse en zonas más lejanas a un pueblo, la ley debería contemplar algún esquema de resarcimiento, similar al que es existe en el sector industrial con los establecimientos fabriles que deben mudarse.

Más información sobre este interesante tema en El País. ¿Y tú que opinas sobre el tema?

La foto de la granja en la zona de Girona ha sido tomada desde un globo, y publicada en Flickr por Txapulín, bajo licencia Creative Commons Attribution.

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